La escasez de agua y las proyecciones futuras han obligado a los productores argentinos a repensar el uso del recurso para poder ser sostenibles en el tiempo. Todas las herramientas y los beneficios que trae la eficiencia hídrica.
El agua, ese recurso que durante siglos pareció inagotable en los oasis vitivinícolas, hoy se ha convertido en el insumo más crítico para el futuro de la producción de uvas y vinos. Las transformaciones climáticas, la creciente presión sobre los recursos hídricos y la necesidad de una vitivinicultura sustentable están impulsando una verdadera revolución en la forma de regar.
En este contexto, el riego por goteo de precisión se consolida como una herramienta estratégica para garantizar la calidad, la rentabilidad y la sostenibilidad del viñedo, así como también la aplicación de tecnología, con sensores, plataformas y softwares específicos que permiten obtener datos cada vez necesarios para la toma de decisiones.
Un recurso cada vez más escaso
Durante las últimas décadas, el sector vitivinícola argentino —especialmente en regiones de clima árido como Mendoza, San Juan y La Rioja— ha dependido de sistemas tradicionales de riego superficial o por manto. Sin embargo, el disminuido caudal de los ríos cordilleranos y la variabilidad en la disponibilidad de nieve en la alta montaña están reduciendo año tras año las reservas de agua.
Según datos del Instituto Nacional del Agua (INA) y del Observatorio Vitivinícola Argentino, los caudales medios de los ríos mendocinos se han reducido entre 15 y 25% en los últimos 20 años, mientras que las temperaturas medias aumentaron alrededor de 1,2 °C. Estos cambios no sólo reducen el volumen disponible para riego, sino que alteran los calendarios tradicionales de distribución del agua y la eficiencia del uso en finca.
María Georgina Escoriaza, Emilia Mazzitelli, Jorge A. Prieto, Jorge Perez Peña, Fabián Tozzi y Daiana Mateo, expertos de la EEA Mendoza y la EEA Junín INTA, aseguraron que mejorar la eficiencia en el uso del agua implica conocer las necesidades hídricas del cultivo según objetivos de producción y actuar sobre los métodos de aplicación y sobre las herramientas de su gestión y operación.
“Las líneas de trabajo actuales se enfocan en ajustar con mayor precisión la demanda hídrica de los cultivos a lo largo de su ciclo fenológico. Para ello, se utilizan diversas herramientas: determinación del coeficiente de cultivo (Kc), uso de índices de vegetación (NDVI) y monitoreo del estado hídrico de las plantas y del suelo, entre otros. Además, se avanza en la evaluación de variedades y portainjertos con menor demanda hídrica y mejor adaptados a condiciones de estrés, como estrategia clave para la sostenibilidad productiva”, describieron.
En este sentido, explicaron que en los sistemas de riego superficial, gran parte de las mejoras posibles se vinculan con el ajuste de la lámina de riego. Otro factor clave es la microtopografía, que resulta fundamental para lograr una distribución uniforme del agua. En tanto, en el riego por goteo, la eficiencia depende en gran medida de un diseño adecuado a las características del cultivo y del suelo. En la práctica se identifican dos desafíos principales: la correcta definición de cuánto y cuándo regar y el mantenimiento de los equipos.
“El riego superficial presenta, en promedio, una eficiencia cercana al 50%, mientras que el riego por goteo, correctamente diseñado y operado, puede alcanzar eficiencias superiores al 90%. Esto implica un salto significativo en el aprovechamiento del recurso hídrico. No obstante, factores como la calidad del agua y las características del suelo influyen directamente en el resultado final”, remarcaron los expertos.


Lo que anticipa la ciencia
Las proyecciones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) advierten que, hacia 2050, la región cuyana podría experimentar una disminución de entre 10% y 20% en la disponibilidad de agua de deshielo, sumada a una mayor frecuencia de olas de calor y vientos secos.
En paralelo, aumentará la competencia por el recurso con otros sectores productivos y urbanos. Frente a este escenario, los científicos coinciden en que la única vía sostenible es incrementar la eficiencia hídrica en origen, es decir, en la finca. Y dentro de las alternativas disponibles, el riego por goteo de precisión es la que ofrece el mayor impacto positivo, tanto en ahorro de agua como en uniformidad del cultivo.
“Las proyecciones futuras indican una probable reducción en las precipitaciones invernales sobre los Andes centrales de Argentina, lo cual va a impactar directamente en la disponibilidad de agua regional en las próximas décadas. Esta tendencia es parcialmente atribuible a las actividades humanas y se vincula con un mecanismo de expansión de las zonas tropicales, que favorece el déficit de precipitación en la región”, advirtió Juan Rivera, doctor en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos e investigador del Conicet.
Del goteo tradicional al riego inteligente
El riego por goteo no es nuevo en el mundo del vino: muchas bodegas lo incorporaron en los años 90. Sin embargo, la nueva generación de sistemas inteligentes marca una diferencia sustancial. Hoy ya no se trata solo de “regar por goteo”, sino de hacerlo con precisión, información y automatización.
El riego de precisión combina varias tecnologías. Por un lado aparecen las sondas de humedad del suelo que miden en tiempo real el contenido de agua a distintas profundidades; a eso se suman las válvulas inteligentes y controladores automatizados, que regulan el caudal según la necesidad del cultivo y las condiciones ambientales.
Las estaciones meteorológicas conectadas que registran temperatura, radiación solar, viento y evapotranspiración también son fundamentales, mientras que los software de telemetría e IoT agrícola integran todos los datos y permiten monitorear y programar el riego desde una computadora o teléfono móvil.


Netafim, compañía de origen israelí pionera mundial en riego por goteo con 25 en la Argentina, ofrece soluciones específicas para viñedos como las líneas UniWine, diseñadas para garantizar una distribución uniforme del agua incluso en topografías complejas. Estos sistemas incorporan goteros autocompensados y tecnologías anti-sifón que aseguran precisión y estabilidad en cada planta, independientemente de las condiciones del terreno.
Otro eje central es la fertirrigación de precisión, que combina el riego con la aplicación controlada de nutrientes. Esta herramienta permite ajustar la nutrición de la vid en función de cada etapa fenológica, optimizando la calidad del fruto y reduciendo costos operativos. Además, al evitar aplicaciones masivas de fertilizantes, se minimiza el impacto ambiental y la lixiviación hacia napas subterráneas.
En conjunto, estas tecnologías consolidan un modelo productivo más eficiente y sustentable. Gracias a estos avances, el productor puede conocer exactamente cuánta agua requiere cada cuartel y en qué momento, evitando tanto el exceso como el déficit hídrico. Esto se traduce en ahorros de hasta el 40% del consumo de agua y mejoras en el rendimiento y la calidad de la uva.
Los nuevos aliados del viñedo
El mercado argentino y regional cuenta hoy con una oferta creciente de proveedores especializados en tecnologías de riego y monitoreo. Entre los principales rubros se destacan los proveedores de riego, quienes diseñan e instalan sistemas de goteo de precisión, microaspersión y automatización adaptados al tamaño y topografía de cada finca.
También están las empresas de IoT agrícola, quienes ofrecen sensores, plataformas y software de gestión que recopilan datos del viñedo y generan alertas o recomendaciones automáticas, o los proveedores de software de telemetría, que conectan las estaciones de riego, sondas y válvulas a redes inalámbricas, permitiendo control remoto y trazabilidad de cada aplicación de agua.
Otro de los grandes aliados para la eficiencia hídrica son los sistemas de riego automatizados, los que permiten programar horarios y volúmenes en función de curvas de evapotranspiración o modelos fenológicos de la vid. La lista la continúan los fabricantes de sondas de humedad y válvulas inteligentes, quienes aportan los “ojos” y “manos” del sistema, asegurando una respuesta precisa y confiable.
En el mercado local, estas soluciones son ofrecidas por empresas nacionales e internacionales, muchas de las cuales trabajan de forma integrada con bodegas, cooperativas o consultoras técnicas. Una de esas empresas es Tecnoriego Cuyo. Como contó Lucía Ávila, más allá de que su especialidad es el riego por pivot, presente en otros cultivos de la matriz productiva de Mendoza, para la vitivinicultura cuentan con una amplia gama de estaciones meteorológicas, sondas de humedad, bombas Rotor Pump, telemetría de bombas y dispositivos para su control. También cuentan con un servicio fundamental, como el de solarización de bombas, clave en términos de eficiencia.
En este marco, otro grupo de proveedores fundamentales para lograr no solo la eficiencia hídrica, sino también la energética y el ajuste de los costos, es el de aquellos que se dedican a la energía solar. Desde el Cluster Mendocino de Energías Renovables (CMER) plantearon los múltiples beneficios que tiene la instalación de paneles solares para el riego agrícola.
El uso de energía solar en el agro presenta un ahorro real y medible en la factura de electricidad desde el primer día de conexión. Además, su escalabilidad permite iniciar con un porcentaje de cobertura y ampliar el sistema a futuro según la demanda de la finca.
Con una vida útil promedio de 25 años o más, la ecuación financiera arroja un retorno de inversión que va de cuatro a seis años, dependiendo de la tarifa contratada y el perfil de uso. “Tras el período de repago, la finca obtiene más de 20 años de energía a un costo marginal casi nulo”, aseguraron desde CMER.


La importancia de medir
Con el fin de que los actores del sector puedan contabilizar el impacto sobre el cambio climático de su producto, Investigación, Desarrollo e Innovación (IDI), unidad ejecutora de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) impulsó la creación de una herramienta para productores y bodegas, en línea con las exigencias de los mercados, la demanda de los consumidores y siguiendo los objetivos trazados en el Plan Estratégico Vitivinícola en su actualización al 2030.
Se trata de la Calculadora de Huella de Agua y Carbono, la cual se creó dentro del proyecto “Vitivinicultura Sostenible 4.0” financiado por el Programa Soluciona de la Secretaría de Economía del Conocimiento del Ministerio de Economía de la Nación. Fue desarrollada por el grupo de investigación CLIOPE de la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Mendoza, y el CONICET. La calculadora está disponible para su uso en la página web del Observatorio Vitivinícola Argentino.
La huella de agua de un producto es una métrica con la que se cuantifican los impactos potenciales relacionados con el uso y consumo de agua de un sistema, mediante la recopilación y evaluación de las entradas y salidas de flujos de agua expresada en m3 equivalentes.
“La calculadora de la huella de agua y de carbono es una herramienta esencial en tiempos de tanta incertidumbre marcada por el Cambio Climático. Constituye un gran aporte para la sostenibilidad de la cadena, no solo desde el punto de vista ambiental sino del económico. Será importante evaluar su uso por parte del sector”, afirmó Claudio Galmarini, director regional del INTA para Mendoza y San Juan y director de COVIAR coordinador de la unidad ejecutora de Investigación Desarrollo e Innovación (IDI).
El uso de esta herramienta es libre y gratuito. Y su importancia estratégica radica en que estos cálculos permiten el diseño de estrategias de mitigación hacia procesos más benignos con el ambiente y calcular los cambios que produciría, por ejemplo, la incorporación de una determinada tecnología antes de su instalación. Es decir, permite adelantarse y ver los efectos que podría tener una decisión anticipadamente, la incorporación de energía de origen renovable o un sistema de riego determinado que mejore la eficiencia en el uso del agua, o la decisión de comprar insumos a un determinado proveedor o a otro, por mencionar algunos ejemplos.
Financiamiento: un aliado clave para la adopción
Uno de los mayores obstáculos a la hora de incorporar tecnología es la inversión inicial. Sin embargo, existen alternativas de financiamiento específicas para el sector.
Tanto los equipos de riego como los sistemas de control y software pueden adquirirse mediante créditos para inversión productiva ofrecidos por el Fondo de Transformación y Crecimiento (FTyC), el Banco de la Nación Argentina y diversas entidades privadas.
En el caso del Banco de la Nación Argentina, la oferta contempla cada etapa de la producción vitivinícola. Con su segmento AgroNación Préstamos ofrece alternativas de financiamiento para empresas que desarrollen la actividad en pesos exclusivamente para MiPyMEs para gastos de cosecha y acarreo de uva y/o gastos de elaboración de productos vitivinícolas; y en dólares para capital de trabajo.
Sin un límite de montos en pesos y en dólares, se puede devolver en un plazo de hasta 360 días en pesos, amortizable o con pago único al vencimiento, mientras que en dólares, hasta 180 días con pago único al vencimiento.
Este financiamiento se articula con el Fondo para la Transformación y el Crecimiento, que reduce el costo financiero mediante subsidios directos y también otorga créditos propios para vendimia con tasas fijas cercanas al 20% anual y plazos de hasta 12 meses, orientados principalmente a productores de menor escala.
En paralelo, el FTyC despliega líneas de inversión con plazos de 36 a 60 meses, destinadas a riego presurizado, malla antigranizo e infraestructura, con tasas por debajo de mercado. También incluye financiamiento para contingencias climáticas, con condiciones más flexibles en amortización.
En el segmento de inversión estructural, el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) cumple un rol central, con líneas de mediano y largo plazo destinadas a modernización tecnológica, ampliación de bodegas y mecanización. A esto se suman instrumentos de leasing y financiamiento en dólares para pre y postfinanciación de exportaciones, clave para bodegas con inserción internacional.
Por su parte, el Consejo Federal de Inversiones (CFI) canaliza crédito hacia pymes con tasas subsidiadas, plazos de hasta 48 meses para inversión y 24 meses para capital de trabajo, orientado a agregado de valor, modernización y promoción externa.
Estas líneas, con tasas subsidiadas y plazos acordes al ciclo agrícola, permiten que productores y bodegas puedan modernizar su sistema de riego sin afectar su flujo operativo.
Beneficios económicos, ambientales y sociales
Los resultados de implementar riego por goteo de precisión son múltiples y tangibles. No solo se da un ahorro de agua y energía a partir de un menor bombeo, menor consumo eléctrico y menos pérdidas por evaporación, sino que también es posible lograr un aumento de la productividad, con plantas más equilibradas, racimos de mejor calibre y uniformidad.
También la ventaja es económica, con una reducción de costos operativos por medio de la automatización del riego y menor necesidad de intervención manual. Otro aspecto es el del cumplimiento de normas ambientales, lo que permite una alineación con estándares internacionales de sustentabilidad (ISO 14001, certificaciones orgánicas o de carbono neutro) y apertura a nuevos mercados.
Otra ventaja es la mejora de la imagen institucional y de la responsabilidad social empresaria (RSE), ya que las bodegas que invierten en eficiencia hídrica demuestran compromiso ambiental y comunitario, fortaleciendo su reputación frente a consumidores y mercados externos.
Además, el manejo responsable del agua genera beneficios compartidos: preserva acuíferos, reduce la competencia entre sectores y contribuye a la sustentabilidad del oasis productivo para las generaciones futuras.
Un ejemplo de empresas que han adoptado la eficiencia hídrica como una política institucional es Bodegas Salentein. En su caso, dentro de las acciones de sostenibilidad, la gestión del agua ocupa un lugar fundamental. Pablo Palumbo, gerente de Sostenibilidad, Medio Ambiente, Seguridad, Diseño y Desarrollo de la empresa, aseguró: “La gestión del agua es fundamental para la viticultura en el Valle de Uco. Durante más de una década hemos desarrollado estudios y sistemas de monitoreo que nos permiten comprender mejor la disponibilidad y el uso del agua en nuestros viñedos”.
“Utilizamos tecnología de monitoreo agrometeorológico y modelos de evapotranspiración para ajustar el riego según las necesidades reales de la planta y las condiciones del suelo, promoviendo un uso cada vez más eficiente del recurso”, sostuvo Palumbo.
Otro caso es el de Möet Hennessy Argentina, con sus bodegas Terrazas de los Andes y Chandon. “Trabajamos con sistemas de riego por goteo de precisión, basados en datos de suelo, clima y necesidades hídricas de la planta, lo que permite optimizar significativamente el uso del recurso en el viñedo. Además, las aguas residuales generadas en ambas bodegas son tratadas y reutilizadas para riego, promoviendo un modelo de gestión más circular y eficiente”, contó Andrés Baigorria, gerente de Sustentabilidad y SST del grupo.


Los riesgos de no modernizarse
En contrapartida, la falta de inversión en tecnologías de riego representa un riesgo creciente. Los productores que mantengan sistemas obsoletos pueden enfrentar una pérdida progresiva de productividad por estrés hídrico o desuniformidad de riego; mayores costos de energía y agua, debido a la baja eficiencia; dificultades para cumplir estándares ambientales exigidos por mercados internacionales; y vulnerabilidad frente a períodos de sequía prolongada, que podrían comprometer la viabilidad del cultivo.
En un contexto de escasez creciente, no medir equivale a perder. La información, el control y la eficiencia se han convertido en los pilares del nuevo paradigma vitivinícola.
El riego de precisión no es una moda tecnológica: es una respuesta necesaria a una realidad que llegó para quedarse. Los cambios en el clima y en la disponibilidad de recursos obligan a pensar la producción de vino desde una perspectiva integral y sustentable.
La combinación de tecnología, conocimiento y compromiso social permitirá que el sector vitivinícola siga creciendo sin comprometer su base natural. Adoptar estas herramientas hoy no solo mejora la rentabilidad inmediata, sino que asegura el futuro de cada viñedo y de las comunidades que viven de él.



