Diferentes motivos han llevado a los productores argentinos a enfrentar un escenario y plagas emergentes y patógenos cada vez más difíciles de controlar. Todas las soluciones que se encuentran al alcance de la mano.
En la vitivinicultura, cada hoja y cada racimo cuentan. Sin embargo, detrás de la belleza de un viñedo se libra una batalla constante contra plagas y enfermedades que amenazan la calidad de la uva y la rentabilidad de las bodegas.
Aunque las condiciones climáticas transforman al oeste argentino en una zona privilegiada en este aspecto, en los últimos años, el avance del cambio climático, la globalización del comercio de plantas y la resistencia de ciertas especies a los tratamientos tradicionales están dando lugar a un nuevo escenario: plagas emergentes y patógenos cada vez más difíciles de controlar.
Frente a este desafío, la tecnología y la gestión integrada se han convertido en los mejores aliados del productor. Sensores, trampas digitales, biocontroladores y software de monitoreo ya forman parte de una revolución silenciosa que redefine la sanidad del viñedo argentino.
Una amenaza en expansión
El panorama sanitario de los viñedos argentinos ha cambiado notablemente en las últimas dos décadas. A los clásicos enemigos de la vid —como la Lobesia botrana, el oídio, el mildiu o la botritis— se suman ahora nuevas especies o cepas más resistentes.
“El panorama sanitario de la vid en los últimos años, en la principal zona productora de vid, presenta dos situaciones: una, la de las plagas presentes como es el caso de oidio, peronóspora, podredumbre, enfermedades de madera y agalla de corona, polilla de la vid y cochinilla harinosa de la vid; y otra, las emergentes, entre las que se destacan hormigas cortadoras, ácaros del género brevipalpus, y mulita de la vid y los frutales”, describieron María Georgina Escoriaza, Emilia Mazzitelli, Jorge A. Prieto, Jorge Perez Peña, Fabián Tozzi y Daiana Mateo, expertos de la EEA Mendoza y la EEA Junín INTA.
Tal como lo interpretan los especialistas, el incremento de ambas situaciones puede deberse a las condiciones ambientales particulares de cada año, a estrategias inadecuadas de manejo, así como la influencia del cambio climático en el tiempo. “Frente a este panorama, se recomienda un enfoque integral de manejo (MIP). Esto incluye diagnóstico temprano y preciso, el monitoreo de plagas asociado a condiciones ambientales para definir el momento oportuno y la intervención adecuada, como es el caso del uso de fitosanitarios y/o bioinsumos específicos para cada plaga”, recomendaron los expertos.
“Además, el mantenimiento de vegetación ya sea a escala predial y/o de paisaje, impacta en la fisiología de la vid, en la salud del suelo, y promueve la conservación de la biodiversidad. Finalmente, la capacitación continua por parte del productor, el acceso a información actualizada y la consulta a especialistas permite anticipar riesgos y minimizar impactos económicos y ambientales”, añadieron desde el INTA.

Cómo se trabaja hoy en el control de plagas
En la actualidad, el manejo fitosanitario del viñedo en Argentina combina tres modalidades principales: en primer lugar, el control directo por parte de los productores o encargados de finca, con asesoramiento técnico de agrónomos particulares o cooperativos; en segunda instancia, la tercerización del servicio, a través de empresas especializadas en monitoreo y control de plagas, que realizan visitas semanales, instalan trampas, registran datos y recomiendan tratamientos; y, en tercer orden, programas regionales coordinados, como el Programa Nacional de Lobesia botrana impulsado por SENASA, que organiza el control masivo mediante feromonas y seguimiento satelital en zonas productivas.
Desde el INTA mencionaron tres técnicas efectivas para el control de plagas emergentes. La primera es el manejo de hormigas cortadoras mediante cultivos de cobertura y vegetación espontánea. En segundo lugar, el manejo de ácaros fitófagos favoreciendo el control biológico y aplicando bioinsumos o fitosanitarios según la población. Y, por último, el manejo de la mulita de la vid y los frutales mediantebandas con pegamento en los troncos, complementadas con insecticidas de banda verde o bioinsumos según la densidad de la plaga.
Cada modelo tiene ventajas, pero el denominador común es la necesidad de información oportuna y precisa para decidir cuándo y cómo intervenir. Y es allí donde la tecnología está marcando la diferencia.

En este aspecto se destaca la experiencia del Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria Mendoza (Iscamen). Con 30 años ya de trabajo, el organismo sigue consolidando su modelo de innovación para el control de plagas. Con una bioplanta modelo ubicada en el departamento de Santa Rosa, de 16.000 metros cuadrados donde se producen 700 millones de insectos estériles por semana y donde trabajan más de 200 personas, a lo largo de su historia ha logrado serios avances para combatir plagas como la mosca del Mediterráneo o la polilla de la vid.
“En la última campaña desarrollamos la campaña más grande a nivel internacional contra la lobesia, que abarca más de 130.000 hectáreas y llega a más de 9.000 productores”, comentó José Orts, presidente del Iscamen. Entre los desarrollos más recientes de la institución están las trampas inteligentes, un desarrollo basado en inteligencia artificial que han comenzado a producir tanto para uso institucional como para ofrecer al sector privado.


El salto tecnológico: del monitoreo visual al control inteligente
Los nuevos desarrollos en agricultura digital permiten pasar de una gestión reactiva a una estrategia preventiva y de precisión. En esto encontramos algunas herramientas que están transformando la sanidad del viñedo. Ejemplo de ello son las feromonas y trampas digitales. Se trata de dispositivos que atraen y capturan insectos mediante señales químicas específicas. Las trampas digitales incorporan cámaras y sensores que registran la captura y la envían en tiempo real al técnico o al productor, reduciendo la necesidad de recorridas manuales.
También podemos mencionar el monitoreo remoto de plagas. En este caso, plataformas IoT integran datos de sensores, cámaras y estaciones meteorológicas para generar alertas automáticas de riesgo fitosanitario.
En el listado también aparecen los biofungicidas y biocontroladores, productos de origen biológico —como bacterias benéficas, hongos antagonistas o extractos vegetales— que controlan patógenos sin dejar residuos químicos.
Los laboratorios fitosanitarios y diagnóstico molecular permiten detectar virus, hongos o bacterias en estadios tempranos, incluso antes de que se manifiesten los síntomas en la planta.
Por último, los software de gestión y predicción, aplicaciones que integran datos climáticos, históricos y de campo, y generan modelos predictivos sobre la evolución de cada plaga o enfermedad, se transforman en un aliado clave para preservar la sanidad del viñedo.
Estas tecnologías no reemplazan el conocimiento agronómico, sino que lo potencian. El técnico sigue siendo quien interpreta los datos y define la estrategia, pero ahora cuenta con información más completa y actualizada.
Los proveedores que hacen posible el cambio
En el mercado argentino y regional existe una oferta creciente de soluciones vinculadas al manejo sanitario del viñedo. Entre las empresas proveedoras de agroquímicos, que ofrecen productos fitosanitarios convencionales, pero también versiones de bajo impacto ambiental y de formulaciones más específicas, encontramos una referencia como Luján Agrícola.
Se trata de una empresa familiar mendocina, con su casa principal ubicada en Luján de Cuyo, que ofrece una amplia gama de productos que incluyen, por supuesto, agroquímicos, pero también fertilizantes, insumos para el riego, semillas y artículos de ferretería.
“Con más de 20.000 productos en nuestro catálogo brindamos soluciones integrales para las necesidades agrícolas y garantizamos la protección de una amplia variedad de cultivos con la incorporacion de nuevos proyectos. Somos el socio ideal para los productores agropecuarios que buscan un servicio humano y efectivo”, destacaron desde la empresa.
En el campo de los fabricantes de feromonas y trampas digitales, quienes diseñan dispositivos que permiten el monitoreo remoto de insectos clave como Lobesia botrana, una de las grandes novedades es que, con una inversión de US$ 10 millones, es la próxima instalación de Ferotec SA.
Producto de la alianza de la empresa francesa M2I Lifesciences, líder en la producción de insecticidas, y a la local Aerotec, de servicios aéreos con experiencia en pulverización para el sector agrícola, construirán en Mendoza una planta para la producción y aplicación de productos biológicos y semioquímicos (feromonas).


Otra de las categorías de referencia es la de empresas de biocontrol y bioinsumos, quienes comercializan biofungicidas, extractos naturales y microorganismos benéficos certificados para uso en viñedos. En este plano encontramos a Biologika, empresa de bioinsumos para el agro, que cuenta con un portafolio de insumos biológicos formulados a base de microorganismos. “Trabajamos con Bacillus subtilis como bactericida y con Trichoderma como biofungicida”, explicó Maximiliano Bordas, responsable del proyecto.
Estos productos actúan mediante mecanismos de competencia y exclusión: colonizan rápidamente la superficie foliar y los tejidos, consumen recursos disponibles y generan metabolitos que limitan el desarrollo de patógenos como botritis y oídio. “La tecnología lucha por ocupar el espacio; al ser organismos muy agresivos en esa colonización, no dejan avanzar a la enfermedad”, detalló.
Entre los aliados claves para esta problemática también aparecen los laboratorios fitosanitarios. Ellos prestan servicios de diagnóstico y análisis de patógenos, y asesoran en la implementación de planes sanitarios integrados. Una de las referencias del sector es Agro Conciencia. A partir de sus asesorías, permiten obtener información precisa para adecuar los procedimientos a las necesidades reales de la planta en cada momento del ciclo fenológico.
Entre sus servicios aparecen desde el análisis de suelos hasta la implementación de estrategias de manejo integrado y el desarrollo de insumos personalizados para cada problemática del productor. «Trabajamos para optimizar recursos y garantizar una producción responsable y eficiente. Una de los servicios que damos es el de análisis foliar poscosecha que dará la base para decidir cómo encarar la próxima campaña, es decir, cómo ajustar la estrategia de fertilización y corregir a tiempo desbalances nutricionales» .
Por otro lado indicaron que es clave analizar luego el producto terminado «Nosotros hacemos análisis de: perfil de residuos de plaguicidas; fosetyl Al + ácido fosfónico + sales; glifosato + AMPA; metales pesados; hidracida maleica. Esto se realiza a través de un screening con los activos más críticos para asegurar la calidad e inocuidad del producto», explica Luis Di Giacomo, titular de la firma.
Los proveedores de tecnología IoT agrícola y software de telemetría ofrecen plataformas de monitoreo remoto, integración de sensores y control desde dispositivos móviles. La incorporación de drones y modelado térmico está redefiniendo el monitoreo sanitario en viñedos, con foco en precisión y prevención. Francisco González Avtivilo, fundador de Indegap, comentó que a través de vuelos sistemáticos y mapas fotogramétricos -construidos a partir de cientos de imágenes- es posible identificar “rodales de enfermedad” y evaluar su evolución en el tiempo.


Este monitoreo periódico no solo mejora el diagnóstico, sino que también habilita estrategias preventivas: “Tras la cosecha se puede determinar dónde actuó la plaga y aplicar medidas en esas zonas”, advirtió González Antivilo.
El desarrollo más innovador radica en el modelado térmico estival. Dado que “las fincas no son homogéneas térmicamente”, estas herramientas permiten anticipar áreas con mayor actividad biológica y actuar en consecuencia.
Muchos de estos proveedores trabajan en alianza con cooperativas, consorcios regionales y bodegas medianas o grandes, adaptando las soluciones al tamaño y presupuesto de cada productor.
El papel del financiamiento en la innovación sanitaria
Invertir en tecnología sanitaria no siempre requiere grandes desembolsos, pero sí planificación. Afortunadamente, existen líneas de crédito específicas para financiar tanto equipos como servicios.
Instituciones como el Fondo de Transformación y Crecimiento (FTyC) del Gobierno de Mendoza, el Banco de la Nación Argentina, el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), el Consejo Federal de Inversiones (CFI) y varios bancos privados ofrecen créditos para innovación tecnológica y sustentabilidad, con tasas preferenciales y períodos de gracia.
En el caso del Banco de la Nación Argentina, la oferta contempla cada etapa de la producción vitivinícola. Con su segmento AgroNación Préstamos ofrece alternativas de financiamiento para empresas que desarrollen la actividad en pesos exclusivamente para MiPyMEs para gastos de cosecha y acarreo de uva y/o gastos de elaboración de productos vitivinícolas; y en dólares para capital de trabajo.
Sin un límite de montos en pesos y en dólares, se puede devolver en un plazo de hasta 360 días en pesos, amortizable o con pago único al vencimiento, mientras que en dólares, hasta 180 días con pago único al vencimiento.
Este financiamiento se articula con el Fondo para la Transformación y el Crecimiento, que reduce el costo financiero mediante subsidios directos y también otorga créditos propios para vendimia con tasas fijas cercanas al 20% anual y plazos de hasta 12 meses, orientados principalmente a productores de menor escala.
En paralelo, el FTyC despliega líneas de inversión con plazos de 36 a 60 meses, destinadas a riego presurizado, malla antigranizo e infraestructura, con tasas por debajo de mercado. También incluye financiamiento para contingencias climáticas, con condiciones más flexibles en amortización.
En el segmento de inversión estructural, el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) cumple un rol central, con líneas de mediano y largo plazo destinadas a modernización tecnológica, ampliación de bodegas y mecanización. A esto se suman instrumentos de leasing y financiamiento en dólares para pre y postfinanciación de exportaciones, clave para bodegas con inserción internacional.
Por su parte, el Consejo Federal de Inversiones canaliza crédito hacia pymes con tasas subsidiadas, plazos de hasta 48 meses para inversión y 24 meses para capital de trabajo, orientado a agregado de valor, modernización y promoción externa.
De esta forma, productores y bodegas pueden acceder a trampas digitales, software de monitoreo, bioinsumos y servicios técnicos especializados sin afectar su capital de trabajo. Las condiciones actualizadas y formularios de acceso se encuentran disponibles en los sitios web de cada entidad.
Beneficios productivos, ambientales y sociales
Adoptar tecnologías de control inteligente y biológico no solo mejora la sanidad del viñedo, sino que genera un impacto positivo en toda la cadena, con eficiencia y reducción de costos ya que genera menos aplicaciones innecesarias, ahorro de agroquímicos y menor gasto en mano de obra o combustible.
Otro de los beneficios es la producción sustentable, por la disminución de residuos químicos, protección de insectos benéficos y preservación del equilibrio ecológico. Se suma la calidad y trazabilidad, ya que los vinos elaborados con uvas libres de residuos ganan valor en mercados exigentes como la Unión Europea o Estados Unidos.


Entre las ventajas también está el cumplimiento de normativas ambientales y certificaciones (ISO, orgánicas, sustentables) y el fortalecimiento de la responsabilidad social empresaria (RSE), porque al reducir la exposición del personal a agroquímicos y minimizar el impacto sobre la comunidad y los recursos naturales, las bodegas refuerzan este aspecto.
El resultado es un círculo virtuoso: más eficiencia, menos impacto, mejor imagen institucional y mayor competitividad internacional.
Los riesgos de no adaptarse
Por el contrario, no incorporar nuevas tecnologías de control sanitario puede tener consecuencias graves: brotes incontrolados de plagas o enfermedades por falta de detección temprana; pérdida de productividad y calidad por daños en racimos o brotes; aumento de los costos operativos al depender de tratamientos curativos más caros y menos efectivos; riesgos regulatorios frente a límites máximos de residuos o normativas de exportación más estrictas; y deterioro ambiental y social, afectando la reputación de la empresa frente a consumidores cada vez más conscientes.La sanidad del viñedo ya no es solo un tema técnico, sino también estratégico y de gestión empresarial.
Cuidar la vid es cuidar el vino, y en tiempos de cambio climático y mercados globales, hacerlo con inteligencia es una necesidad. El control de plagas y enfermedades emergentes requiere información, innovación y compromiso.
Las herramientas existen, los proveedores están disponibles y las líneas de crédito acompañan. El desafío —y la oportunidad— es integrar estas soluciones en cada finca y en cada bodega, para asegurar que el vino argentino siga siendo sinónimo de calidad y sustentabilidad en el mundo.


