Bioinsumos y biocontrol en viñedos: una revolución silenciosa en la vitivinicultura


Las tecnologías basadas en microorganismos, extractos naturales o compuestos biológicos presentan múltiples beneficios para las plantas y cada vez más productores deciden aplicarlas. 


Durante décadas, la sanidad y nutrición del viñedo se apoyaron principalmente en fertilizantes químicos y productos fitosanitarios convencionales. Sin embargo, en los últimos años el sector vitivinícola comenzó a explorar con mayor intensidad nuevas alternativas biológicas que buscan mejorar la productividad del cultivo y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental de la actividad agrícola.

En este contexto, los bioinsumos y las estrategias de biocontrol están ganando protagonismo en los viñedos de muchas regiones vitivinícolas del mundo. Se trata de tecnologías basadas en microorganismos, extractos naturales o compuestos biológicos capaces de mejorar la nutrición de la planta, estimular sus defensas naturales o controlar plagas y enfermedades.

Para el sector de uvas y vinos, esta tendencia representa no solo una innovación agronómica, sino también una respuesta estratégica a las nuevas demandas del mercado, a la necesidad de producir de forma sustentable y a los desafíos del cambio climático.

Un cambio en la forma de producir

La vitivinicultura moderna enfrenta hoy un escenario en el que los consumidores, los mercados internacionales y las normativas ambientales exigen cada vez más producciones agrícolas responsables y sustentables. En muchos países importadores de vino, las regulaciones sobre residuos de agroquímicos se han vuelto más estrictas. A su vez, numerosas bodegas están adoptando certificaciones ambientales o programas de agricultura sostenible.

Frente a este panorama, los bioinsumos aparecen como una herramienta capaz de complementar o reducir el uso de productos químicos tradicionales, manteniendo al mismo tiempo la sanidad y productividad del viñedo. Estos productos pueden cumplir distintas funciones, como mejorar la fertilidad biológica del suelo; estimular el crecimiento radicular; aumentar la tolerancia de la planta al estrés hídrico o térmico; controlar plagas mediante microorganismos benéficos; y reducir la presión de enfermedades.

Lo que dicen los especialistas

La investigación científica en agronomía y microbiología agrícola ha avanzado notablemente en los últimos años. Diversos estudios muestran que los microorganismos presentes en el suelo -bacterias, hongos y otros organismos- cumplen un rol clave en la nutrición y el desarrollo de las plantas.

En el caso de la vid, los científicos han identificado numerosos microorganismos capaces de favorecer la absorción de nutrientes, mejorar la estructura del suelo y activar mecanismos de defensa natural de la planta.

En este punto, un ensayo realizado en Mendoza por el INTA junto a Growmate Argentina evidenció mejoras significativas en rendimiento y calidad en viñedos de Malbec a partir de aplicaciones estratégicas de bioinsumos. El estudio, liderado por el investigador Rodrigo Espíndola, evaluó el impacto de aplicaciones al suelo en momentos fenológicos clave mediante riego por goteo.

Los resultados mostraron un incremento del rendimiento de entre 27% y 31% respecto al testigo. “No observamos más racimos, sino una mejora en el peso de los mismos y en el tamaño de la baya”, explicaron los investigadores. En términos de calidad, se registró una mayor intensidad de color y una tendencia hacia tonalidades más azuladas, asociadas a mejores perfiles fenólicos. “Los tratamientos evidenciaron una mayor saturación de color, lo que se traduce en uvas con mayor potencial enológico”, señalaron el especialista.

Además, el ensayo detectó un aumento del 18% en el vigor vegetal y un 48% en la actividad microbiana del suelo. “Esto confirma que el enfoque no sólo impacta en la producción, sino en la salud integral del sistema suelo-planta”, concluyeron.

El estudio refuerza la importancia de ajustar las prácticas agronómicas a momentos clave del ciclo del cultivo para maximizar la eficiencia productiva.

La mirada de la innovación tecnológica

Desde Growmate, empresa dedicada al desarrollo de soluciones biotecnológicas para la agricultura, desarrollan productos a base de ácidos húmicos y fúlvicos derivados de leonardita. “Su principal función es mejorar las condiciones generales del cultivo, lo que se traduce en incrementos de rendimiento”, aseguró Santiago Urrutia, ingeniero agrónomo especialista en viñedos de la empresa. 

La leonardita es una materia prima compuesta de carbono orgánico que se forma a partir de restos fósiles de bosques milenarios de coníferas que sufrieron un proceso de carbonización a traves de los siglos.

“En particular, no están diseñados para realizar biocontrol de forma directa. Sin embargo, sí generan un efecto indirecto, ya que fortalecen la resistencia del cultivo frente al estrés. Esto ocurre porque favorecen el desarrollo radicular, aumentan la capacidad de exploración del suelo y mejoran la absorción de nutrientes, lo que redunda en una mejor condición general de la planta”, explicó sobre los productos que ofrecen. 

De acuerdo a Urrutia, en general, los bioinsumos son una herramienta tecnológica que permite reducir el impacto ambiental en la producción de cultivos. “Su principal aporte está en que, al incorporarlos en el manejo, pueden reemplazar insumos tradicionales de mayor impacto ambiental. En ese sentido, su uso contribuye a sistemas productivos más sustentables, siempre que se integren de manera adecuada dentro de la estrategia del productor”, destacó el experto.

En el caso de Growmate cuentan con productos como Soil Plus, formulado a partir de leonardita, que destaca por su capacidad para mejorar la estructura del suelo, aumentar la actividad microbiológica y optimizar la retención hídrica, factores determinantes en regiones con estrés hídrico.

También cuentan con una solución como Plant, que actúa directamente sobre la fisiología vegetal, promoviendo el desarrollo radicular, estimulando el metabolismo y elevando la tolerancia al estrés abiótico. Esta combinación permite no solo una mayor disponibilidad de nutrientes, sino también una respuesta más eficiente frente a enfermedades.

Biocontrol: combatir plagas con aliados naturales

Uno de los campos donde los bioinsumos han mostrado mayor desarrollo es el biocontrol de plagas y enfermedades. En lugar de combatir los patógenos exclusivamente con productos químicos, el biocontrol utiliza organismos vivos o sustancias naturales para limitar el desarrollo de plagas. 

“La tecnología se basa en competir con la enfermedad mediante la ocupación del espacio. Estas bacterias y hongos benéficos son muy eficientes en ese sentido, ya que colonizan rápidamente el ambiente e impiden el desarrollo de patógenos como el oídio o la botrytis. De esta manera, los biofungicidas y bactericidas actúan evitando que los organismos dañinos se establezcan y prosperen”, comentó Maximiliano Bordas, propietario de Biologika, empresa enfocada en soluciones biológicas para la agricultura.

En su caso, trabajan con con bactericidas y fungicidas, principalmente biobactericidas y biofungicidas. “Utilizamos, por ejemplo, Bacillus subtilis como bactericida y también para el control de botrytis, además de Trichoderma, que aplicamos como biofungicida foliar”, aseguró. 

“Lo que hacemos es integrar estas herramientas dentro del manejo tradicional del productor. En este esquema, no es compatible el uso de cobre, porque al tratarse de productos biológicos, el cobre elimina los microorganismos que buscamos aplicar”, argumentó Bordas.

Desde Biologika  destacaron también que el manejo del microbioma del suelo es uno de los desafíos más interesantes de la agronomía moderna. La compañía desarrolla productos basados en microorganismos que buscan restablecer el equilibrio biológico del suelo y mejorar la interacción entre las raíces y el entorno microbiológico.

“En el caso de los viñedos, si se trabaja con un manejo integral orientado a mantener la planta en equilibrio, el desarrollo de enfermedades se vuelve mucho menos probable. En agronomía se habla del ‘triángulo de la enfermedad’, que implica la interacción entre el patógeno, el ambiente y la planta. Cuando la vid está en equilibrio, ese triángulo difícilmente se completa”, sumó el experto.

Suelos vivos para viñedos más resilientes

Uno de los aspectos clave de la agricultura biológica es la salud del suelo. Durante muchos años, los sistemas productivos intensivos tendieron a degradar la actividad biológica del suelo. 

Hoy existe un creciente consenso entre agrónomos y científicos sobre la importancia de recuperar la biodiversidad microbiana del suelo. Un suelo sano presenta una mejor estructura, una mayor capacidad de retención de agua, un mayor disponibilidad de nutrientes y un mejor resiliencia frente a condiciones climáticas adversas

En viñedos sometidos a estrés hídrico o temperaturas extremas, estas características pueden marcar una diferencia significativa en el rendimiento del cultivo.

Beneficios para productores y bodegas

La incorporación de bioinsumos y estrategias de biocontrol ofrece una serie de ventajas para el sector vitivinícola. Entre los principales beneficios se destacan la producción más sustentable, lo que permite reducir el uso de agroquímicos y mejorar la salud del ecosistema del viñedo.

También se genera una mejor salud del suelo, ya que se favorece la actividad biológica y la fertilidad natural del terreno. Por otro lado, se genera una mayor resiliencia del cultivo, porque las plantas pueden enfrentar mejor situaciones de estrés ambiental.

Este modelo aporta al acceso a mercados exigentes, ya que muchos mercados internacionales valoran cada vez más los productos obtenidos bajo prácticas agrícolas responsables. Además, aporta valor agregado para el vino, debido a que las bodegas que adoptan prácticas sustentables pueden fortalecer su posicionamiento en el mercado.

Los riesgos de no evolucionar

A medida que los estándares ambientales se vuelven más exigentes, las bodegas y productores que no incorporen prácticas más sustentables podrían enfrentar dificultades. Entre los riesgos más importantes se encuentran algunos como mayores restricciones regulatorias en mercados internacionales; la pérdida de competitividad frente a vinos producidos bajo estándares sustentables; la degradación progresiva del suelo; y una mayor dependencia de insumos químicos. 

Por el contrario, quienes adopten estas tecnologías estarán mejor preparados para enfrentar los desafíos productivos y comerciales del futuro.

Financiamiento para incorporar tecnologías biológicas

La adopción de bioinsumos y tecnologías de manejo sustentable también puede apoyarse en herramientas de financiamiento disponibles para el sector productivo. En Mendoza, el Fondo para la Transformación y el Crecimiento (FTyC) dispone de líneas de crédito para inversión productiva agrícola con plazos de 36 a 60 meses, con tasas por debajo de mercado.

La institución también ofrece financiamiento articulado con el Banco de la Nación Argentina. La oferta contempla cada etapa de la producción vitivinícola y con su segmento AgroNación Préstamos ofrece alternativas de financiamiento para empresas que desarrollen la actividad en pesos exclusivamente para MiPyMEs para gastos de cosecha y acarreo de uva y/o gastos de elaboración de productos vitivinícolas; y en dólares para capital de trabajo.

Sin un límite de montos en pesos y en dólares, se puede devolver en un plazo de hasta 360 días en pesos, amortizable o con pago único al vencimiento, mientras que en dólares, hasta 180 días con pago único al vencimiento.

Estas herramientas permiten que productores y bodegas puedan incorporar soluciones biológicas y tecnologías sustentables financiando las inversiones en el tiempo.

Por último, el Consejo Federal de Inversiones canaliza crédito hacia pymes con tasas subsidiadas, plazos de hasta 48 meses para inversión y 24 meses para capital de trabajo, orientado a agregado de valor, modernización y promoción externa.