El Plan Estratégico Vitivinícola 2030 representa una hoja de ruta clave para la transformación del sector, con el objetivo de consolidar el posicionamiento global de la vitivinicultura argentina.
El Plan Estratégico Vitivinícola 2030 representa una hoja de ruta clave para la transformación del sector, con el objetivo de consolidar el posicionamiento global de la vitivinicultura argentina.
La actualización del PEVI es el resultado de un proceso de construcción colectiva que ha convocado a todos los actores de la industria vitivinícola, tanto del ámbito público como privado. Este enfoque colaborativo permite diseñar acciones integrales que fomenten la innovación, la sostenibilidad y la competitividad del sector. Más que un plan, es un compromiso que une a productores, bodegas, instituciones y organismos para fortalecer el entramado productivo y potenciar su impacto a nivel global.
A través de estrategias orientadas, busca aprovechar las oportunidades tanto en el mercado interno como en el externo, impulsando el desarrollo sostenible de toda la cadena de valor.
Un modelo participativo y sostenible
El PEVI 2030 se concibe como un proceso abierto y dinámico, basado en la mejora continua y la participación activa de todos los sectores involucrados. Su estructura define objetivos estratégicos y líneas de acción concretas, fundamentadas en valores clave como la diversidad, la sostenibilidad económica, social y ambiental, y la integración del mercado, desde la producción primaria hasta la comercialización internacional.
Uno de los ejes innovadores de esta actualización es su enfoque en la sostenibilidad, con especial atención en la gestión ambiental, la equidad social y el impacto del enoturismo como motor de desarrollo. Así, el PEVI 2030 no solo traza un camino para la industria del vino, sino también para otros segmentos clave como las pasas de uva, la uva en fresco, los jugos y mostos concentrados, sectores con un enorme potencial de crecimiento.
Argentina en el mapa vitivinícola mundial
Actualmente, nuestro país ocupa el 7º lugar como productor mundial de vinos, el 10º en consumo y el 11º en exportaciones por volumen. Además, es el segundo mayor exportador de jugo concentrado de uva a nivel internacional, lo que demuestra la relevancia del sector más allá del vino embotellado.
Según los últimos datos estadísticos, el país cuenta con 204.848 hectáreas cultivadas, distribuidas en 23.046 viñedos manejados por 17.000 productores. La industria vitivinícola genera 113.070 empleos directos, convirtiéndose en la actividad agrícola que más puestos de trabajo aporta, con 72 empleos por cada 100 hectáreas cultivadas.
Para sostener este crecimiento, es fundamental avanzar hacia un marco macroeconómico estable, con reglas claras y previsibilidad que favorezcan la competitividad del sector.
Avances y programas de apoyo
En 2023, se lanzó la primera convocatoria del Programa de Apoyo para Pequeños Productores Vitivinícolas (PROVIAR II), con una respuesta significativa: 2.071 ideas proyecto y 368 grupos asociativos de 14 provincias presentaron sus propuestas para acceder a financiamiento. En esta primera etapa, se otorgaron U$S7 millones en aportes no reembolsables, de los U$S40 millones asignados por el BID al programa.
Además, se presentó la Guía de Sostenibilidad del Enoturismo, una herramienta que promueve prácticas sustentables en establecimientos vitivinícolas, fortaleciendo la oferta turística y el compromiso ambiental del sector.
La COVIAR destacó el trabajo conjunto con el Consejo Federal de Inversiones (CFI) y los gobiernos provinciales, que permitió completar los estudios de Caracterización de las Regiones Vitivinícolas de Argentina. Esta investigación, financiada por el BID, posiciona a Argentina como el primer país del mundo en relevar y caracterizar la totalidad de su superficie vitivinícola bajo una misma metodología científica.
El PEVI 2030 es el camino que proyecta a Argentina como un país vitivinícola de referencia en el mundo. Con objetivos alcanzables, busca ordenar esfuerzos y potenciar la competitividad del sector en todos sus frentes. La clave está en la articulación de los actores, la innovación constante y el compromiso con la sostenibilidad.
El Plan Estratégico Vitivinícola cuenta con un desafío muy claro: consolidar el liderazgo vitivinícola argentino en los mercados globales, garantizando el desarrollo de una industria que, más allá del vino, es motor de empleo, inversión y crecimiento regional.
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